Cosas que hacer en Alemania una vez en la vida

Alemania es un país del que esperamos modernidad, vanguardia, ciudades de cuento, cerveza y trajes folclóricos. La verdad es que Alemania es una mezcla de todo, un país apasionante lleno de rincones atractivos. 

Por ese motivo, hemos recopilado una lista gracias a la revista Traveler de cosas que deberías ir tachando para conocer un poco mejor el país germano:

  1. Pasear por la gran arteria de Berlín para disfrutar desde la gloria imperial de la Puerta de Brandeburgo hasta la catedral.
  2. Admirarla desde la semiesfera que Foster ideó para el Bundestag.
  3. Naufragar en la isla de los museos. Enamorarse de Nefertiti, entrar por las grandes puertas de Ishtar a Babilonia y enzarzarse en la lucha entre gigantes y dioses en el Altar de Pérgamo.
  4. Darle un minuto a cada mural y/o graffiti que hay en la ciudad… que no son pocos.
  5. Trazar el curso del viejo muro para encontrarse imprescindibles como la East Side Gallery o el Check Point Charly.
  6. Colarse en las viejas fábricas y descubrir que son nuevos centros de arte, música y ocio.
  7. Coronar a la currywurst como la reina de la comida rápida.
  8. Disfrutar de los jardines y parques de Potsdam. 
  9. Pisar el acelerador sin remordimientos por los 13,000 Km de autopistas que tiene el país. 
  10. Pasear por el casco antiguo de Lübeck, la primera ciudad del norte de Europa en ser declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO en 1987.
  11. Suspirar en alguno de los 2400 puentes que conectan la ciudad de Hamburgo.
  12. Hacerse una foto o un selfie con la estatua de los famosos músicos de Bremen.
  13. Comprobar que en Hamelín no quedan ratas. Ni apenas flautistas…
  14. Convertirse en un fanático de los mercadillos, ya sean de los navideños o de los semanales que pueblan los centros de las ciudades.
  15. Sobrecogerse ante la impresionante catedral de Colonia
  16. Buscar a Beethoven en Bonn, entre souvenirs, estatuas y salas de concierto.
  17. Descubrir la vida ‘afterwork’ de Frankfurt y comprobar que no todo son oficinas y tiendas.
  18. Comprobarque el viejo Imperio Romano sigue vivo al pasear por Trier y encontrarse monumentos como la Porta Nigra, el anfiteatro, la basílica de Constantino o el puente romano.
  19. Ganar unos cuantos años de vida extra en los balnearios de Baden-Baden.
  20. Admirar la naturaleza entre los densos bosques y los tranquilos pueblos de la Selva Negra.
  21. Navegar a vela por el lago Constanza. 
  22. Visitar Lindau, la isla poblada más delicada y dulce de todo el mundo.
  23. Volver a la infancia disfrutando en parques como Legoland o Playmobil Funpark.
  24. Admirar la decoración de la Marienplatz de Múnich.
  25. Acercarse al Theresenwiese no vaya a ser que se esté celebrando el Oktoberfest (o similares).
  26. Cumplir con el ritual cervecero visitando la famosa Hofbräuhaus.
  27. Juzgar positivamente Núremberg y regresar al pasado con sus calles medievales y su viejo castillo imperial.
  28. Escuchar una ópera de Wagner en Bayreuth evitando los impulsos de querer dominar el mundo.
  29. Sentirse parte de cualquier un cuento paseando por el centro de Rothenburg. 
  30. Y acabar pensando que eres un príncipe o una princesa Disney en el Castillo Neuchwastein.
  31. Constatar que el viejo Imperio Romano sigue impresionando al pasear por Trier y encontrarse monumentos como la Porta Nigra, el anfiteatro, la basílica de Constantino o el puente romano.
  32. Degustar el valle del Mosela entre copas y catas del mejor Riesling alemán.
  33. Hacer pellas (como antaño) por las calles de Heidelberg, mientras se sortean las tiendas encantadoras de la Haupstrasse, se cruza el puente de Carlos Teodoro, se sube al castillo y se regresa a la universidad, no sin antes haber pasado por la cárcel de estudiantes.
  34. Asomarse a cualquier monasterio que se anuncie en la carretera. Indagar si los monjes siguen haciendo cerveza casera y darse la brindis al grito de ¡Prost!
  35. Ganar unos cuantos años de vida extra en los balnearios de Baden-Baden.
  36. Decidir si se quiere más a papá o a mamá en Stuttgart. Es decir, priorizar la visita al Porsche Museum o al Mercedes-Benz Museum.
  37. Reconciliarse con el ser humano y su respeto a la naturaleza entre los densos bosques y los tranquilos pueblos de la Selva Negra.
  38. Babear en cada una de las paradas de la Ruta Romántica, descubriendo la Alemania más monumental, rural y cuidada.

  39. Dedicarle todo un día a Rothenburg ob der Tauber para comprender por qué es el pueblo más hermoso, perfecto e icónico de todo el país.
  40. Navegar a vela por el lago Constanza. Atracar en los preciosos puertos de Mainau, Meersburg y Constanza para descubrir a pie los resorts donde los nobles veraneaban hace varios siglos.
  41. Concluir que Lindau es la isla poblada más delicada y dulce de todo el mundo.
  42. Unirse a la locura de Luis II observando, desde el puente de María, la orgullosa estampa de Neuschwanstein. Recorrer su interior para comprender que el viejo monarca estaba demasiado ‘pa allá’.
  43. Adentrarse en los Alpes más culturetas para disfrutar del palacio de Linderhof y de las casas policromadas de Oberammergau.
  44. Retornar a la infancia disfrutando como un enano de parques como Legoland o Playmobil Funpark.
  45. Lagartear en los lagos que separan las montañas de Múnich. Descansar del descanso paseando por las galerías expresionistas de Murnau.
  46. Respetar el despliegue de decoración que es la Marienplatz de Múnich. Aprovechar para conocer un casco histórico donde no falta una buena catedral, una residencia real y hasta un mercado permanente (Viktualienmarkt).
  47. Acercarse al Theresenwiese no vaya a ser que se esté celebrando el Oktoberfest (o similares) y uno no se haya enterado. Y si está vacío, cumplir con el ritual cervecero visitando la carismática Hofbräuhaus.
  48. Retar al famoso síndrome por el barrio de los museos. No faltar a la cita con la Lenbacchaus, la Neue Pinakothek, la Glyptothek y la Pinakothe der Moderne.
  49.  Aprender un poquito de arquitectura contemporánea en el BMW Welt. Seguir con las clases de diseño por su museo y rematar el éxtasis peregrinando al Allianz Arena, el penúltimo gran templo arquitecto-futbolístico.
  50. Sumarse a la fantástica liturgia de un Biergarten bávaro.
  51. Dominguear en el Englischer Garten, entre rubios que surfean un río y grandes torres chinas.
  52. Pasar del todo a la nada en el norte de la ciudad, conociendo el castillo de Nymphenburg y el campo de concentración de Dachau.
  53. Juzgar positivamente Núremberg tras regresar al pasado en sus calles medievales y en los recovecos de su viejito castillo imperial.
  54. Contar hasta centenares los monumentos que pueblan Bamberg, una de esas ciudades que tiene más edificios protegidos que sin proteger.
  55. Escuchar una ópera de Wagner en Bayreuth y luego mitigar los impulsos de querer dominar el mundo.
  56. Conquistar castillos tan inexpugnables como bellos como son el de Wartburg el de Hohenzöllern o el de Schwerin.
  57. Olvidar cualquier pasado truculento visitando la preciosa Dresde, donde iconos como la Frauenkirche, el castillo o el puente de Augusto demuestran que este país puede superar cualquier golpe.
  58. Celebrar con alegría la renacida vida cultural de Leipzig, paseando por su Spinnerei o disfrutando de su música clásica en rincones como la Gewandhaus o la Thomaskirche.
  59. Honrar lo suficiente a la Bauhaus admirando sus construcciones más emblemáticas en Weimar y Dessau.

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